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¿Cuál es la diferencia entre liquidez y solvencia?

La diferencia entre liquidez y solvencia es que la liquidez mide la capacidad de pagar deudas a corto plazo con activos disponibles, mientras que la solvencia indica si la empresa puede sostener su actividad y sus obligaciones a medio y largo plazo. En la práctica, las deudas de corto plazo vencen en hasta 365 días y dependen del flujo de caja.

September 21, 2021

¿Cuál es la diferencia entre liquidez y solvencia?

Términos como la liquidez y la solvencia forman parte de la jerga económica y empresarial que usan los emprendedores y muchas otras personas en el mundo de los negocios. Para moverte con soltura en el entorno empresarial actual, conviene comprender bien estos conceptos.

La sociedad actual está en constante cambio, sobre todo por la enorme cantidad de información con la que las personas se encuentran cada día. Teniendo esto en cuenta, surge la necesidad de adaptarse, algo que se traduce en incorporar y aplicar nuevos conceptos, ideas o información en el ámbito económico y social.

¿Qué significa la liquidez?

La liquidez es la capacidad de convertir un activo en dinero en el menor tiempo posible, sin que su valor se vea reducido por ello. Es un indicador clave en el mercado de capitales, especialmente a la hora de evaluar cualquier tipo de inversión.

En función del nivel de liquidez, los activos pueden dividirse en dos categorías:

  1. Activos líquidos: efectivo, cuentas bancarias, acciones, bonos, facturas pendientes de cobro y otros valores;
  2. Activos con un nivel reducido de liquidez: inmuebles, terrenos, maquinaria y equipos, vehículos, obras de arte, joyas, etc.

Desde el punto de vista contable, la liquidez es la capacidad de una persona física o jurídica para pagar sus deudas financieras a corto plazo con los activos disponibles. Las deudas a corto plazo son obligaciones financieras cuyo vencimiento no supera los 365 días:

  1. Salarios con vencimiento mensual, de acuerdo con el contrato individual de trabajo;
  2. Deudas comerciales;
  3. Deudas financieras y bancarias;
  4. Deudas tributarias.

Estas deudas se recogen en un registro detallado que incluye información sobre el total de importes adeudados y los vencimientos establecidos. A partir de ahí, se determinan las deudas y la necesidad de fuentes de financiación para abonarlas.

¿Qué tipos de liquidez existen?

La liquidez de una entidad económica puede caracterizarse mediante 3 tipos de indicadores:

  1. Liquidez general: la posibilidad de pagar las deudas corrientes con derechos de cobro y recursos monetarios.
  2. Liquidez corriente: la capacidad de cubrir las deudas corrientes exigibles con activos corrientes que pueden transformarse de inmediato en liquidez;
  3. Liquidez inmediata: el grado en que las deudas pueden pagarse únicamente con la liquidez disponible.

¿Qué es la solvencia?

La solvencia es la capacidad de la empresa para desarrollar sus operaciones y pagar sus deudas a medio y largo plazo derivadas de contratos anteriores, del ejercicio de su actividad o de impuestos, tasas y contribuciones fiscales.

Una empresa puede ser solvente si el valor de sus activos (inmovilizado, activos corrientes, efectivo, etc.) es igual o superior al total de sus pasivos (deudas con proveedores, empleados, etc.). Aun así, puede seguir siendo solvente incluso si atraviesa una situación temporal de impago.

Además, este factor representa el objetivo de cualquier emprendedor que quiera mantener la autosuficiencia financiera y gestionar su negocio con flexibilidad. La solvencia puede medirse mediante el indicador llamado solvencia patrimonial, que se calcula como la relación entre el capital social y el valor total del patrimonio.

La solvencia está relacionada con la liquidez, en el sentido de que este aspecto se tiene en cuenta cuando la empresa atraviesa una situación de impago causada por la falta de dinero disponible.

¿Qué diferencias existen entre ambos conceptos?

Desde la perspectiva de su significado, la liquidez se refiere a la capacidad de pagar las deudas corrientes con los activos actuales, mientras que la solvencia es la capacidad de mantener un negocio operativo a largo plazo. La liquidez es un concepto que se utiliza para describir la disponibilidad de dinero y equivalentes líquidos necesaria para pagar las deudas corrientes. La solvencia se traduce en la capacidad de una empresa para mantener su actividad a largo plazo.

Así, teniendo en cuenta el tipo de obligaciones, la liquidez se centra en las deudas a corto plazo, mientras que la solvencia lo hace en las de largo plazo.

Entender la liquidez ayuda a evaluar la rapidez con la que los activos pueden transformarse en efectivo. Por otro lado, la solvencia permite conocer la capacidad de una empresa para continuar con su actividad año tras año.

En el caso de la liquidez, hablamos de riesgos financieros relativamente bajos, mientras que en el de la solvencia estos alcanzan un nivel bastante alto.

En cuanto a la relación entre la solvencia y la liquidez, existen dos situaciones:

  1. Si el grado de solvencia es elevado, la liquidez puede garantizarse en un plazo breve;
  2. Si el nivel de liquidez es elevado, la solvencia no se alcanzará rápidamente.

¿Qué relación tienen la solvencia y la liquidez con el flujo de caja?

Entender la liquidez y la solvencia es fundamental para cualquier empresa, sobre todo en situaciones de crisis financiera que se manifiestan en una marcada falta de recursos financieros.

El flujo de caja es un indicador de una situación financiera sana en la empresa. La imposibilidad de pago derivada de la falta de recursos monetarios es una realidad a la que se enfrentan muchísimas empresas. Los riesgos relacionados con la falta de liquidez pueden anticiparse con un plan claro de flujo de caja. Teniendo en cuenta que la liquidez sirve para garantizar la continuidad de un negocio rentable (muy vinculado a la liquidez y la solvencia), el flujo de caja se vuelve esencial para evaluar la situación financiera.

Para seguir siendo solvente, una empresa debe garantizar un equilibrio entre el cobro de derechos de cobro y el pago de las deudas exigibles, creando así la base de un flujo de caja saludable. Sin embargo, muchas empresas no consiguen cobrar a tiempo las facturas emitidas por la venta de productos y la prestación de servicios. A largo plazo, esto lleva a la empresa a una situación de impago de sus deudas. Por este motivo, se ve obligada a recurrir a fuentes de financiación. Una solución en este sentido es recurrir al factoring, que permite vender facturas con vencimiento a 30, 60, 90 o incluso más días a un factor para obtener la liquidez necesaria para cubrir distintos gastos.

Conclusiones

La liquidez y la solvencia son términos empresariales importantes que se diferencian por su naturaleza y su finalidad. Si entiendes estos conceptos, actuarás con más prudencia en tu negocio y podrás tomar las decisiones adecuadas para garantizar su rendimiento.

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